¿Se puede meter un subwoofer dentro de un muro de diez centímetros sin perder graves? Es la pregunta que cada vez más arquitectos de interiores y diseñadores de cine en casa le hacen al integrador cuando el cliente pide sonido de alto nivel y cero gabinetes a la vista. K-array responde con dos productos pensados exactamente para ese conflicto: el Keystone KST-110, un subwoofer arquitectónico de perfil ultra delgado, y el Dragon KX2, una bocina de punto fuente diseñada para acompañarlo. Ninguno de los dos quiere sentarse encima de la arquitectura de una residencia de alta gama; ambos quieren desaparecer dentro de ella.
¿Qué hace posible un subwoofer de menos de 10 centímetros de espesor?
El Keystone mide 300 x 300 x 98 mm, apenas 3.86 pulgadas de espesor, y aun así entrega respuesta de 40 a 150 Hz (-6 dB) con un máximo de 119 dB SPL pico. Lo consigue con un radiador de pistón cuadrado de 10 pulgadas construido sobre la plataforma MM-Force de Powersoft: un motor de imán móvil balanceado inercialmente que mueve una masa considerable de aire desde un gabinete extremadamente delgado sin transferir vibración a la estructura que lo aloja. Es justo el problema típico de los gabinetes profundos empotrados —que terminan haciendo vibrar el muro entero— resuelto desde el diseño del transductor, no con más aislamiento acústico encima. Al ser pasivo, tampoco necesita fuente de alimentación propia dentro del muro, lo que simplifica el cableado durante obra negra.

¿Cómo se instala en un proyecto real?
Está disponible en versión de superficie (KST110) y en versión empotrada (KST110R), en gabinete de acero inoxidable con acabados en negro, blanco o color RAL a pedido, con tratamiento opcional grado marino para exteriores o zonas de humedad alta. Esa variedad de acabados es la que permite especificarlo tanto para un home theater con paredes tapizadas como para una terraza cubierta frente al mar, sin que el subwoofer rompa la paleta de materiales que ya definó el arquitecto.
¿Qué aporta el Dragon KX2 al conjunto?
El Dragon KX2 completa el sistema como bocina de punto fuente pensada para operar junto al Keystone donde tanto los graves como los agudos tienen que desaparecer visualmente. K-array lo posiciona como el complemento natural para resolver un sistema completo —subgraves más rango completo— sin que ninguno de los dos elementos compita con el diseño de interiores. Los dos productos están pensados para residencias, hospitalidad, proyectos corporativos, yates y transporte, donde la elegancia arquitectónica pesa tanto como el desempeño acústico.


Vale una aclaración de catálogo: K-array también fabrica una línea robusta para instalación profesional y touring, pero ni el Keystone ni el Dragon KX2 pertenecen a ella. Los dos se comercializan específicamente para el segmento residencial y arquitectónico de alta gama. No son la respuesta para un auditorio corporativo ni para un sistema de refuerzo de gran formato; son la respuesta cuando el cliente pide “que no se vea nada” y el integrador necesita un subwoofer de verdad, no un compromiso acústico disfrazado de solución estética.
¿Por qué esto importa para un integrador mexicano en 2026?
La exigencia de las residencias de lujo en Ciudad de México, Los Cabos, Cancún o la Riviera Maya cada vez separa menos el presupuesto de audio del presupuesto de arquitectura de interiores. El comité de diseño —arquitecto, decorador, a veces el propio despacho— llega a la mesa de especificación con restricciones de espesor de muro ya definidas, antes de que el integrador tenga oportunidad de proponer un gabinete convencional.
Tener en el portafolio un subwoofer que cabe literalmente dentro del grosor de un muro estándar de tablaroca doble evita que el proyecto de audio quede fuera del proyecto de arquitectura por una simple incompatibilidad de centímetros.

Esa realidad cambia también el flujo de trabajo: si el integrador entra después de que el muro ya cerró, la versión empotrada deja de ser opción y solo queda la de superficie, con el resultado estético que eso implica. Vale la pena señalarlo desde la primera reunión con el arquitecto como razón concreta para sumarse a las juntas de coordinación de obra desde etapas tempranas, junto con el electricista y el contratista de acabados. Y en proyectos de cine en casa de alta gama, poder meter el subwoofer dentro del propio muro cambia la conversación de diseño: en vez de negociar dónde esconder un gabinete grande, la pregunta se vuelve cuántos puntos empotrados hacen falta y en qué muros ya existe la profundidad necesaria.
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Escrito por Misael Macías, editor de contenidos web de TECSO Mx. Actualizado a septiembre de 2026.



